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Alemania juzga a una “terrorista” por dejar morir de sed a una niña yazidí en Iraq

A Jennifer W., una alemana de 27 años y originaria de Baja Sajonia, se la acusa de crímenes de guerra, asesinato por omisión y violación de la ley de armas, en un juicio extraordinario donde se juzga a una militante de Daesh en Alemania por supuestos crímenes contra el derecho internacional cometidos en el extranjero.

Los presuntos hechos que reconstruye el tribunal alemán son los siguientes: a finales de agosto de 2014, Jennifer W. viajó a Iraq a través de Turquía y después a Siria para sumarse al grupo terrorista Daesh.

“En seguida entró a formar parte de la estructura paramilitar y de toma de decisiones de Daesh”, explica un comunicado del tribunal superior de Múnich. Entre junio y septiembre de 2015, la acusada patrulló por las noches los parques de Faluya y Mosul, ambas ciudades iraquíes, como miembro de la policía de la moral de Daesh. “Su cometido era asegurar que las mujeres cumplían las reglas de comportamiento y de la vestimenta de la organización terrorista. Para intimidar, la acusada supuestamente portaba un kalashnikov, una pistola y un chaleco con explosivos. Jennifer W. recibía mensualmente una compensación de entre 70 y 100 dólares”.

Fue ese mismo verano, cuando la acusada y su marido iraquí compraron presuntamente a una niña yazidí procedente de un grupo de prisioneros de guerra y a su madre y se las llevaron para esclavizarlas a su casa en Faluya, al oeste de Bagdad.

Un día la niña enfermó y empapó el colchón en el que estaba tumbada. Como castigo, el captor la sacó a la calle, donde la encadenó en plena canícula. Fuera, hacía 45 grados, según detallan las pesquisas judiciales. La niña murió de sed, sin que Jennifer W. hiciera nada por evitarlo, según el relato de los hechos que reproduce el tribunal alemán.

Pasados unos meses, en enero de 2016, Jennifer W. visitó la embajada alemana en Ankara. Al abandonar la legación diplomática, fue detenida por agentes turcos y más tarde deportada a Alemania, donde quedó en libertad. Desde entonces, asegura la justicia alemana, regresar a Siria se convirtió en su principal objetivo.

En junio de 2018, la acusada fue detenida en Alemania. Se había subido a un coche en Lohne, en Baja Sajonia, que debía llevarla hasta Siria o Iraq a través de Grecia. En ese vehículo acabó contándole al conductor que era alemana, que formó parte de Daesh y que había dejado que una niña yazidí de cinco años muriera de sed.

Jennifer W. nunca imaginó que el conductor era un informante del FBI y de los servicios secretos alemanes, que aquella conversación se estaba grabando y que su testimonio se convertiría en pieza clave del juicio que ha arrancado esta semana en Alemania.

El viaje acabó en Baviera, a casi cinco horas del punto de partida, donde el conductor echó el freno y la policía detuvo a Jennifer W, según la información publicada por Der Spiegel. Desde entonces, la acusada se encuentra en prisión.

El pasado martes, la acusada, de 27 años y madre de una niña, apareció en la sala del tribunal superior vestida con un pantalón y una chaqueta negra y una camisa blanca. La cara, tapada con una carpeta y la cabeza descubierta, con una trenza larga. La acusada no quiso contestar a las acusaciones que se leyeron. El juicio no ha hecho más que comenzar.

 

| 15/04/2019