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Duras lecciones del Ébola

Duras lecciones del Ébola

África sufre la epidemia y los medios estadounidenses miran hacia otro lado


Joaquín R. Hernández – Especial para Alahednews


Nadie duda de los peligros que reviste la enfermedad del Ébola. La preocupación mundial sobre la expansión de la temible enfermedad más allá de los confines africanos, ha disparado las alarmas en los países que sienten que la fiebre puede cruzar sus fronteras.

Allí donde existe un sistema cohesionado de salud hay más posibilidades de controlar su situación particular.

Es el caso de Cuba, que no solamente ha podido encarar racionalmente la amenaza, sino que, siguiendo una doble tradición, de respeto a sus raíces africanas y de solidaridad con los países del Tercer Mundo, ha llevado sus trabajadores de la salud hasta los tres países más afectados por la enfermedad Guinea (Conakry), Sierra Leona y Liberia.

Duras lecciones del Ébola

A los cubanos, habituados a enfrentar grandes desafíos y a prestar ayuda solidaria a quien lo requiera (incluyendo Estados Unidos, tras el paso de huracán Katrina, lo que fue rechazado con arrogancia por George W. Bush), y conscientes de poseer un sólido sistema de salud, la epidemia no les quita el sueño.

En Estados Unidos, simplemente, hay pánico

He podido seguir la televisión estadounidense en días recientes. Los pocos casos detectados, y la muerte de una persona -no norteamericana, por cierto-, dan cifras deleznables para un país de casi 330 millones de habitantes. Pero ocupan espacios avasalladoramente dominantes en las pantallas.

Sin embargo, los más de 4 mil 500 muertos en África no encuentran espacio en ellas.

En su lugar, se habla de los dislates que han cometido los hospitales, o de los debates entre el presidente de la nación y varios gobernadores que han tomado la protección de salud por su cuenta.

Hay allí muchos hospitales, muchos servicios médicos. Pero no hay sistema, no hay un mecanismo cohesionado que permita adoptar medidas de riguroso cumplimiento para todo el complicado e interminable entramado de clínicas, hospitales, consultas médicas privadas.

La medicina comercial está enseñando sus crueles límites

Pero no hacía falta una epidemia como la del Ébola para percatarnos de que, negocio al fin, la preservación de la salud en Estados Unidos no es un deber social, sino un gran negocio.

Las grandes farmacéuticas, que marchan a la cabeza de la mercantilización de la medicina, han reaccionado ofreciendo posibles vacunas y medicamentos. Tardíamente.

El Ébola es una enfermedad de países pobres, cuyos pobladores y cuyos gobiernos no representan un mercado suficientemente interesante como para invertir las cuantiosas sumas que comporta el desarrollo de un medicamento como el que ahora se necesita.

No había que esperar por el Ébola para percatarse de este ominoso fenómeno.

La Organización Mundial de la Salud enumeró hace años 17 enfermedades menospreciadas por los sistemas comerciales de salud, que diezman las poblaciones donde están presentes. Es decir, en países de África y Sur de Asia.

Sin embargo, estas enfermedades, que cobran una alta cuota de vidas todos los años en los empobrecidos países con cuyas poblaciones se ensañan, tienen medicamentos capaces de curarlos.

Pero falta el interés económico. Y falta la solidaridad.

Un caso escandaloso es el de la tuberculosis

También según la OMS -citado por la CNN-, el pasado año un millón 500 mil personas murieron a causa de esta enfermedad, para la cual existen tratamientos efectivos. Si bien se ha detectado la resistencia a los medicamentos de la bacteria que la ocasiona, estos casos representan solamente el 3,5 por ciento de todos los registrados.

Pero es también una enfermedad de país pobre. La mayoría de los casos se encuentran en el sudeste de Asia y en el Pacífico occidental, y la cuarta parte en África, donde la tasa de mortalidad es la mayor del mundo: regiones cuyos pobladores no tienen acceso a servicios de salud calificados.

“Las industrias farmacéuticas están menos interesadas en las enfermedades de los países en desarrollo en que las ganancias potenciales son limitadas”, afirma el doctor Mario Raviglione, director del Programa Global para la Tuberculosis de la OMS. “Como resultado, tenemos un problema mayor con la tuberculosis, porque se sabe que el 95 por ciento de los casos están en los países en desarrollo”.

Duras lecciones del Ébola

¿Reacción internacional?

Por otra parte, el presidente del Banco Mundial, Jim Kim, confesó amargamente que la comunidad internacional ha “fracasado miserablemente” en su respuesta al virus del Ébola. “Es tarde. Es realmente tarde”, dijo.

“Debíamos haber hecho muchas cosas. Debían haberse construido sistemas de salud que monitorearan la situación desde que se reportaron los primeros casos. Debía haber existido una respuesta orgánica”.

The New York Times, que ha dedicado dos editoriales y un artículo a elogiar la conducta cubana, subraya que una acción internacional efectiva es hasta hoy sumamente limitada.

“El pánico que ha generado la epidemia alrededor del orbe no ha producido una respuesta adecuada por parte de las naciones que tienen la capacidad de contribuir. Aunque Estados Unidos y otros países han ofrecido su disposición a dar dinero, únicamente Cuba y unas pocas organizaciones no gubernamentales están proporcionando lo que se necesita con mayor urgencia: profesionales médicos dispuestos a atender pacientes”, explica uno de los editoriales.

Mientras tanto, la televisión estadounidense sigue volviendo la espalda a la tragedia africana y se concentra, con no poco sensacionalismo, en la alarma interna.

El profesor norteamericano Juan Cole se duele en su sitio Informed Comment de que la “extraña histeria sobre el Ébola está siendo creada por los medios que ignoran los verdaderos riesgos de salud públicos”.

Hay peligros mayores, dice, que sí ocasionan miles de muertes y no reciben ninguna atención mediática: sólo la falta de control sobre las armas de fuego está en la base de los 11 mil homicidios y los 20 mil suicidios que se producen cada año. O las 420 mil muertes anuales asociadas al hábito de fumar, mientras que las grandes tabacaleras -tan insensatas y voraces como las farmacéuticas- reciben favores legales. O las 45 mil personas que mueren cada año por carecer de servicios gratuitos de salud. O el envenenamiento de 12 mil personas cada año por las emisiones de carbón en medio de la poderosa inconciencia de quienes se oponen a su sustitución por fuentes de energía limpia. Que por cierto, contribuyen a un cambio climático cuyas consecuencias harían palidecer a las del Ébola.

Son olvidos sustanciales. Que nos indican una perspectiva obscena: si se logra contener la entrada de la enfermedad en Estados Unidos, sus medios olvidarán también el asunto.

| 06/11/2014